Cuando murieron los sueños, falsificamos los recuerdos…

loquenosquedadelamuertebajay entonces llegó Jordi Ledesma y nos recordó que los sueños y los recuerdos son a menudo lo mismo. Sí, es humano recordar lo que uno sueña y soñar lo que uno querría recordar. Pero basta de filosofía. He venido ha hablar de su libro: el de Jordi Ledesma. Lo que nos queda de la muerte.

¿Y por qué volver al blog después de tanto tiempo? Porque vale la pena. Porque se lo merece. Porque cuando leí la última novela de Jordi no pude parar hasta terminarlo para luego quedarme sin aliento. Y porque estoy convencido de que hay en España muchos autores que desearían haber escrito este libro… pero no lo dirán, y si pueden (y han leído a Jordi) esconderán su existencia. Una vergüenza.

Pensaréis que estoy enfadado con el mundo. Pues sí, lo estoy, pero no voy a ser un grosero. Estamos en la edad del YO, de los temores (sí, los intelectuales también tienen miedo), del que no me roben el poco mercado que me queda. Estoy harto de decirlo, los autores ya no son maestros, y deniegan a sus discípulos. Es miseria en su estado puro.

Pero claro, está Alrevés, la audaz editorial que se atreve con todo y afortunadamente no somos los únicos. Hay más, claro que sí. No somos muchos, pero suficientes para dar guerra. Somos los que afrontamos el reto de querer a los autores. De quererlos con todas las consecuencias. Para bien o para mal.

Jordi Ledesma ha escrito una joya y punto. Jordi es el relevo, uno de los autores, acompañado de Víctor del Árbol, Pisón y Zanón, entre otros, que ahora tienen que escribir la crónica de Barcelona y de Catalunya, y la hacen en castellano, y no pasa nada. Marsé, Montalbán y González Ledesma lo hicieron en su día, ahora toca un cambio generacional, y sinceramente, los novatos son muy buenos. Son mejores, collons.

La lástima, sinceramente, es que las viejas guardias, los que nos contaron con tanta genialidad nuestra historia, no sepan dar el testigo. Es hora, por favor. Sé que los tiempos no acompañan, que las ventas cada día se desploman, pero tenemos derecho a volver a vivir, con el mismo entusiasmo,  lecturas como La verdad sobre el caso Savolta o Últimas tardes con Teresa. Es importante que los maestros ayuden a los lectores, que nos ayuden a encontrar las nuevas voces, las que hablan de nuestros días con el beneficio innato de ser contemporáneos a ellos.

La historia no se entiende sin maestros que pasaron el testigo a aprendices: Leonardo, Miguel Ángel, Picasso, Baroja, Joyce, Orwel, Pessoa, Giacometti, Chillida… Todos fueron en su día aprendices y se convirtieron en maestros porque alguien pasó el testigo.

Toca pasar el testigo señores, por favor y gracias.

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