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VLCNegra, Madrid:frontera y el público

Madridfrontera VLCNegraVolvemos de Valencia obviamente felices. Madrid:frontera de David Llorente recibió el premio Mejor Novela Valencia Negra 2016. Pero también muy contentos de haber compartido tiempo con un montón de amigos. Y por supuesto hay que felicitar a todo el equipo de Valencia Negra por una exitosa cuarta edición que según he visto ha doblado el público con respecto a la tercera. ¡Bravo! Porque el éxito de un festival se debe medir así, por cuánto público convoca.

Hablando de público, durante la cena del viernes charlé con Berna González Harbour y surgió la pregunta de si hay demasiados encuentros de novela negra. Concluimos que mientras cada festival pueda convocar un buen número de espectadores, siempre hay espacio para más. En Francia el festival de fin de semana con seis u ocho autores y cinco o seis mesas es muy común y muy factible de hacer también en España. No todo tiene que ser “semanas negras” ¿verdad?

Y si van a surgir más encuentros, Fernando Marías me comentó que quizá los festivales del género negro deberían de alguna manera u otra asociarse y coordinar no sólo las fechas, pero quizá hasta algunas actividades. Ambos sabemos que en este sector lo de llegar a acuerdos y colaborar es poco común, pero esta no es una idea descabellada. Los festivales no deberían rivalizar, hay mucho espacio para colaborar.

En definitiva, felicidades una vez más a la organización de Valencia Negra, un festival que sabe crecer y ganar adeptos. Y sí, animo a crear más encuentros siempre y cuando el objetivo sea acercar autores y lectores. O sea, que su máxima preocupación sea el público. Y por qué no, hagan caso a Fernando Marías y busquen formas de colaborar, seguro que resulta positivo.

 

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El espejismo de Sant Jordi, Cuenca ahorca sus casas y el Euro-timo

Final de Cuenca 2016

Celebramos el final de Cuenca Negra 2016 y saludamos la edición 2017

El día 23 de abril volvimos a deleitarnos del espejismo de Sant Jordi. Durante el día mágico las masas salieron a la calle y por un momento los editores pensamos que vivimos en una sociedad lectora. La Diada fue espectacular y sin lugar a duda se vendieron miles de libros. Pero llegó el fatídico 24 y volvió la cruda realidad. En España los niveles de lectura siguen descendiendo y con un Sant Jordi al año no es suficiente, pero claro, no podemos celebrar Sant Jordi cada sábado, ¿o sí? Por favor…

En Cuenca Sergio Vera se inventó hace cuatro años el encuentro de las Casas Ahorcadas y así culminaba uno de los mejores club de lectura de novela negra de España. Sergio Vera iluminó Cuenca con un festival por donde han pasado desde Lorenzo Silva a Andreu Martín pasando por Rosa Ribas, Berna González Harbour, Víctor del Árbol, Domingo Villar, Javier Olivares, Álexis Ravelo, Jerónimo Tristante, Antonio Altarriba, Carlos Salem, Juan Ramón Biedma y un sinfín de los mejores autores y autoras del género negro, fantástico, del cómic y guionistas de toda España. Sergio Vera ha puesto a Cuenca en el mapa de la novela negra española, pero la visión de Sergio Vera choca con la ofuscación —para no decir ignorancia— de políticos incapaces de reconocer a Sergio su trabajo y dar continuidad a un festival que acerca la cultura a los conquenses. En fin, ¿por qué nos sorprendemos tanto de los bajos niveles de lectura cuando la política se dedica a torpedearla?

Y no puedo terminar sin hacer referencia al fraude que nos vende Renfe con el Euromed, un tren que en su versión más rápida viaja de Valencia a Barcelona (o viceversa) a una velocidad media de 115 Kilómetros por hora. Creo que va más rápido el Nairobi Express. Esto es un insulto a todos los que vivimos en el corredor mediterráneo, sí, este corredor que ya hace más de 2000 años crearon los fenicios, cartagineses y romanos por una razón muy simple, era la mejor manera de moverse desde la península al resto de Europa. En fin, si las cosas siguen así igual volvemos a los trenes borregueros, al menos en éstos la velocidad del viaje era el menor de tus problemas, ya que el calor, los malos olores y la incomodidad del tren absorbían toda la mala leche.

Lo dicho, del espejismo del Sant Jordi a la ceguera de los que deberían luchar por la cultura en Cuenca, a trenes que crean dudas sobre un país que parece empeñado en poner palos en sus propias ruedas antes de sentarse a pensar entre todos cómo se puede mejorar el futuro.

Nada nuevo en el horizonte,  ¿verdad?

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