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Yo también soy fan del FAN.

Los festivales de novel a negra en todo el territorio español proliferan, esta es una realidad.

Hasta hace catorce años el Noir tenía prácticamente su única cita en la Semana Negra de Gijón, pero el género parce destinado al a la expansión.

BCNegra, Getafe Negro y Salamanca fueron pioneros en seguir la estela de Gijón, y ya hace más de diez años que hacen posible encuentros negros de primera categoría. A éstos, se han unido desde hace cinco o seis años una serie de encuentros Noir que demuestran que la novela negra no es sólo un género popular, también es una manera de contar historias que nos cautiva.

Pamplona, Aragón, Valencia, Tenerife, Cartagena, Cuenca y otros municipios llevan ya años celebrando festivales  y se han ido sumando a este género que sin duda alguna cada día sabemos que aporta más a nuestra literatura.

En cualquier caso hace dos días volvimos de Aragón Negro y quedamos impresionados. En Aragón no sólo han creado un festival ramificado que abarca la mayoría del territorio aragonés, además han sabido darle sentido a una gala de novela negra.

Una gala de los Goyas, o de los premios Ondas, vale, ¿pero una gala para un festival de novela negra? Pues bien, Juan Bolea y su magnífico equipo de Aragón Negro, consiguieron hacer de ésta gala un éxito.

No quiero entrar en detalles ni en premiados, creo que la gala se puede ver en algún lugar de internet, pero sí quiero destacar que el acto estuvo a la altura de el público y, sobre todo, de los premiados.

Así que felicidades a Aragón Negro y a todos los festivales que poco a poco se hacen un lugar  en el ámbito cultural de sus ciudades o comunidades.

Larga vida al género que sin complejos mejor denuncia nuestra sociedad.

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El espejismo de Sant Jordi, Cuenca ahorca sus casas y el Euro-timo

Final de Cuenca 2016

Celebramos el final de Cuenca Negra 2016 y saludamos la edición 2017

El día 23 de abril volvimos a deleitarnos del espejismo de Sant Jordi. Durante el día mágico las masas salieron a la calle y por un momento los editores pensamos que vivimos en una sociedad lectora. La Diada fue espectacular y sin lugar a duda se vendieron miles de libros. Pero llegó el fatídico 24 y volvió la cruda realidad. En España los niveles de lectura siguen descendiendo y con un Sant Jordi al año no es suficiente, pero claro, no podemos celebrar Sant Jordi cada sábado, ¿o sí? Por favor…

En Cuenca Sergio Vera se inventó hace cuatro años el encuentro de las Casas Ahorcadas y así culminaba uno de los mejores club de lectura de novela negra de España. Sergio Vera iluminó Cuenca con un festival por donde han pasado desde Lorenzo Silva a Andreu Martín pasando por Rosa Ribas, Berna González Harbour, Víctor del Árbol, Domingo Villar, Javier Olivares, Álexis Ravelo, Jerónimo Tristante, Antonio Altarriba, Carlos Salem, Juan Ramón Biedma y un sinfín de los mejores autores y autoras del género negro, fantástico, del cómic y guionistas de toda España. Sergio Vera ha puesto a Cuenca en el mapa de la novela negra española, pero la visión de Sergio Vera choca con la ofuscación —para no decir ignorancia— de políticos incapaces de reconocer a Sergio su trabajo y dar continuidad a un festival que acerca la cultura a los conquenses. En fin, ¿por qué nos sorprendemos tanto de los bajos niveles de lectura cuando la política se dedica a torpedearla?

Y no puedo terminar sin hacer referencia al fraude que nos vende Renfe con el Euromed, un tren que en su versión más rápida viaja de Valencia a Barcelona (o viceversa) a una velocidad media de 115 Kilómetros por hora. Creo que va más rápido el Nairobi Express. Esto es un insulto a todos los que vivimos en el corredor mediterráneo, sí, este corredor que ya hace más de 2000 años crearon los fenicios, cartagineses y romanos por una razón muy simple, era la mejor manera de moverse desde la península al resto de Europa. En fin, si las cosas siguen así igual volvemos a los trenes borregueros, al menos en éstos la velocidad del viaje era el menor de tus problemas, ya que el calor, los malos olores y la incomodidad del tren absorbían toda la mala leche.

Lo dicho, del espejismo del Sant Jordi a la ceguera de los que deberían luchar por la cultura en Cuenca, a trenes que crean dudas sobre un país que parece empeñado en poner palos en sus propias ruedas antes de sentarse a pensar entre todos cómo se puede mejorar el futuro.

Nada nuevo en el horizonte,  ¿verdad?

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